martes, 9 de agosto de 2016


Los Abuelos no pueden recibir a sus nietos  en estas vacaciones .Venezolanos evitan hacer y recibir visitas por escasez de comida, 
La escasez de alimentos ha hecho que recibir visitas genere angustia en las familias, al verse obligadas a compartir la poca comida que tienen

Muchas personas se cohíben de visitar a sus allegados | Foto: Cortesía @EFENoticias
Isabel Herrera | El Pitazo en la calle | Correo: elpitazoenlacalle@gmail.com
Las rutinas características del venezolano, tales como la visita dominguera a algún familiar, mandar a los muchachos para la casa de los abuelos o los tíos en vacaciones, o pasar el día en la casa de la novia o novio, son costumbres que se están dejando de lado por la situación económica que vivimos.


Muchas personas se cohíben de visitar a sus allegados, o lo hacen con menos frecuencia, porque no tienen nada que llevar y saben que, a donde van, la situación tampoco está fácil. Recibir visitas dejó de ser un momento placentero para convertirse en un instante de angustia y estrés.
“No es egoísmo, es no tener para compartir. Pienso que si no tienes una harina o un arroz bajo el brazo no puedes ir a otra casa. En mi cumpleaños hicimos una sopa entre todos”, relató Eva Méndez, una vecina deCatia a quien no le gusta que la visiten mucho. El otro día, según contó, le llegó un familiar y tuvo que rendir la comida para que alcanzara para todos, pero una hora más tarde tenían hambre de nuevo y no le quedó más opción que preparar una olla de fororo para saciarla.
Milagros Arriechi vive en Antímano, Caracas. Ella pasa trabajo para conseguir la comida, pero su familia que vive en Maracay se las ve peor. Antes iba cada 15 días a visitarlos, últimamente no ha ido porque no tiene nada que llevarles. Con tristeza cuenta que sus parientes, muchas veces, se acuestan sin cenar. A ella, la bolsa de los Clap apenas le llegó por primera vez hace dos semanas. Están cansados de comer plátanos y han perdido peso. “No es justo lo que estamos viviendo. Los niños no entienden de escasez, no hay real para comprarle a los bachaqueros, la bolsa de los Clap rinde para ocho días, no queremos que nadie nos visite, pues no tenemos nada que ofrecer. Los tickets de alimentación míos y de mi hija se nos van sin saber en qué los gastamos”, dice con rabia y dolor.
Ana López, otra caraqueña, afirma que, como la mayoría, está pasando trabajo y cada vez que le llega un familiar se preocupa. “Yo vivo sola  y no me gusta que me visiten mis hermanos porque con lo que gano vivo el día a día. No quiero que piensen que soy egoísta, pero llego rasguñando la comida al final de la quincena. A veces me acuesto sin cenar porque no consigo pan y eso es muy triste, pienso en madres solas con un muchacherío y me deprimo. No creo que sea justo ir a otra casa a comerse los alimentos de quienes han pasado largas horas haciendo una cola en los mercados. Tengo amigas que dan comida a los niños y se acuestan con hambre”.
Sentimientos de culpa
Zayda Palomo vive en El Junquito, Caracas, afirma que no tiene palabras para explicar la situación que vive con sus cuatro hijos y nietos debido a la imposibilidad de comprar alimentos. Conforman tres familias, hacen colas en Carapita y comparten lo que consiguen. Son unidos entre ellos, pero se sienten mal cuando reciben visitas y no tienen nada que ofrecerles.
Para Zayda, el refrán popular “donde comen dos, comen tres” perdió vigencia debido a la imposibilidad económica de abastecerse de comida. “Los novios que llegan de visita saben que tienen que llevar algo, o uno les dice claramente que no hay nada porque lo que tenemos es para la familia. Ellos lo entienden bien. No hay cómo ofrecerles un café o un refresco, señala Zayda.
“Ya nada es como antes; si estás haciendo el almuerzo y llega un familiar no le sirves porque vas a dejar a otros sin comida. Uno espera que se vaya la visita para comer. Me pasó que fui a una casa y estaban preparando el desayuno, me dio pena y les dije que comieran relajados, que yo ya había comido. Si la persona no entiende lo que uno dice, puede pensar que uno es egoísta y no es así; es cuidar lo que se tiene para los parientes que tenemos a cargo. Yo tengo que salir a la calle a buscar para mis nietos y mi hija que está embarazada a punto de parir”, relató Palomo.
Existe un juego de subsistencia
Lennys Lurua, psicóloga, especialista en orientación familiar y docente de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Central de Venezuela, señala que no se ha realizado una evaluación por parte del Gobierno o de alguna institución privada sobre el impacto de esta situación en la estructura emocional, de integración y de convivencia de la familia venezolana.
“En medio de la crisis, la impulsividad sólo nos lleva actuar y no a pensar. Sin duda, todo lo que estamos viviendo está dejando huella en la estructura familiar de los venezolanos, en su dinámica, en la búsqueda de mecanismos orientados a la socioadaptibilidad. Los grupos familiares no están bien alimentados, se prioriza quién come y quién no. Existe un juego de subsistencia que violenta, de manera importante, la convivencia”.
Agresividad y agotamiento
Dada la situación de carencia que viven las familias, es habitual vivir situaciones como:
§  Una mayor sensación de desorganización en el hogar. No hay tiempo. Hay que hacer colas. Estoy desmotivado, estoy cansado. Cambio de rutina; debo levantarme a las 2 am para hacer la cola; por ejemplo.
§  Gritos y molestias, cada vez con mayor frecuencia, y su consolidación como mecanismo estructural para dirimir conflictos en el hogar.
§  Los miembros de la familia se muestran más sensibles e irritables de lo habitual.
§  Mayores niveles de intolerancia.
§  Menos muestras de afecto.
Para la profesora Lurua la situación que estamos viviendo sirve como caldo de cultivo para la generación de problemas sociales que ya existen en nuestro país, como delincuencia, embarazos no deseados, deserción escolar, indigencia, abandono y maltrato infantil.
Para abordar el problema, recomienda en  primer lugar reconocer las potencialidades del grupo familiar y rescatar las formas cómo han atendido situaciones difíciles en otros momentos. En segundo lugar plantea la identificación de redes de apoyo, tales como centros deportivos, iglesias, grupos comunitarios, etc. Para ella, este punto es vital, en tanto que permitirá reconocer los recursos emocionales, comunitarios y familiares para atender el problema. Por último, sugiere detectar los factores de protección familiar, es decir, identificar en la familia el miembro más contenedor, el más tolerante, el más resolutivo, etc., y repartir entre ellos roles y funciones para atender esta situación.
Sobrevivencia
Brigett Barrios, licenciada en Trabajo Social, Magister en Seguridad Social y profesora de la Universidad Central de Venezuela, compara la situación actual del país con experiencias muy parecidas a las vividas por los judíos en la Alemania Nazi y la Unión Soviética de Stalin, donde se vulneraron los ordenamientos jurídicos en términos de los derechos humanos, sociales, civiles y políticos. En esos países las consecuencias fueron idénticas a las que viven hoy los venezolanos: polarización política y social; largas colas para la adquisición de alimentos, escasez de medicinas, vejación por parte los organismos públicos y maltrato por los entes coercitivos del Estado para aplacar el derecho de los ciudadanos a protestar.
La docente considera que en el país “hay menos solidaridad, menos reconocimiento de la otredad, focos de explosión social, focos de peleas por comida, reacciones violentas en las calles, metro y autobuses; en fin, la familia y cada uno de sus componentes se han visto disminuidos a la mínima expresión de la sobrevivencia: la animalidad. Buscar comida, cambiarla, venderla a sobreprecio, conseguirla, y el yo llegué primero, son el manifiesto de una sociedad convulsionada y golpeada entre las necesidades primarias y el cómo suplirlas”.
¿Qué hacer para afrontar la crisis?
La magister en Seguridad Social ofrece algunos consejos para afrontar la crisis:
§  Estar consciente de que somos parte de una sociedad que está siendo objeto de injusticia y vulneración por parte de un gobierno gendarme.
§  Tomar en cuenta que no solo es tu familia, somos todos.
§  Tratar de suplir y/o cambiar los alimentos, en la medida de lo posible, para sustituir los tradicionales.
§  Motivar a cada miembro de la familia a percibir la crisis como una oportunidad para crecer y dar lo mejor de cada uno.
§  Participar activamente en la promoción de la estabilidad socioemocional en la familia.
§  Participar y reconocer los derechos propios y el derecho de los otros.
Utilizar la paciencia para manejar con asertividad cada conflicto que se presente en el núcleo familiar.
§  Encontrar momentos para fortalecer la unión. Si solo tengo un pan, y es repartido entre todos con amor, la historia será diferente.
§  Establecer redes sociales de ayuda. Adaptarse, más no naturalizar la crisis.


1 comentario:

  1. asi el deber ser que ninguno de nosotros se quede porque chaves dijo !NO a la EXCLUCION!!

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