sábado, 26 de marzo de 2016

¿Militarizar nuestros barrios?


sábado, 26 de marzo de 2016


¿Militarizar nuestros barrios?


 El tema de la violencia tiene muchas aristas, pero una de ellas es el irrespeto a las normas, un país que no es capaz de hacer cumplir las leyes más básicas se encuentra al borde de la anarquía, y no es militarizando nuestros barrios que vamos a soluciona el tema de la violencia. En los actuales momentos se escuchan voces del oficialismo hablando de “tolerancia cero” de “militarizar nuestras barriadas”, esto podría considerarse, pero se debería comenzar por hacer cumplir lo básico, como es el respeto a las leyes de tránsito, el ordenamiento de la ciudad, el caos vehicular, ya que en los niveles de anarquía en que se encuentran nuestras ciudades favorece y propicia el delito, el tema tan trillado de los motorizados, los que hacen simplemente los que les da la gana, que por cierto las motos son los vehículos más usados para cometer homicidios y sicariato.
Paralelo a esto hay que ir revisando el sistema judicial, es inexplicable que un individuo tenga prontuarios de película deHollywood, cuando son arrestados aparecen con más 10 homicidios, atracos, secuestros, es allí donde hay que buscar en primer lugar el juez que lo dejó en libertad y al funcionario del ministerio público que se hizo el loco, ya que no puede haber otra forma de que éste individuo se encuentre en la calle sin la complicidad de éstos entes, de lo contrario lo dicho por la propia Fiscal de la República no cambiará, la impunidad seguirá en más del 90 por ciento, lo que promueve delinquir, esto debido a que el Estado no es capaz de sancionar.
 Según el último informe del Observatorio Venezolano de Violencia, el índice de homicidios en Venezuela sigue subiendo de manera imparable, nos coloca como el país de América del Sur con la mayor tasa de homicidios, contabilizando 27.875 fallecidos en hechos violentos para 2015, con un índice de homicidios de 90 por cada 100.000 habitantes. Brasil con una taza de 26 homicidios por cada 100.000 habitantes, una cuarta parte en comparación con nuestro país nos puede servir de ejemplo, y esto lo digo porque Brasil tiene problemas tan parecidos a los nuestros de pobreza y miseria, los que se reflejan en sus grandes favelas, pero al contrario de nuestros gobernantes, ellos si entendieron a tiempo que este flagelo debía ser combatido con toda la autoridad del Estado, y por cierto no fue en los gobiernos dictatoriales o neoliberales brasileños que se asumieron medidas drásticas para luchar contra la violencia y lograr desarmar a la población, fue en los gobiernos de Lula que se decidió, y se comenzó con los grandes operativos de desarme en los sectores populares, medida que fue implementada con la colaboración de ejército. Igualmente se enfrentó el problema de las cárceles y el tráfico de drogas; fueron creados cuerpos de seguridad y jurisdicciones con competencias especiales para desarrollar estas tareas, ya que era imposible hacerlo con los cuerpos policiales que para la época estaban contaminados y penetrados por el hampa organizada.
 Fue un problema que se atendió y se sigue atendiendo con voluntad política, que creo es lo que le falta a nuestro gobierno. Será que la incapacidad está llegando a tales niveles que el gobierno se ha rendido ante este tema que pone en riesgo la soberanía del país, ¡si la soberanía! porque la guerra que tanto pregonan no viene de alguna potencia extranjera, la invasión se está desarrollando en los actuales momentos en nuestras ciudades, donde se vive en un estado de sitio permanente; ya no sólo en los sectores populares manda el hampa, los que asumen la custodia de territorios que son controlados por bandas armadas hasta los dientes, este fenómeno ha llegado a nuestras ciudades, en pleno centro no es de extrañar hechos violentos a toda hora. Y algo más grave que nos señala el grado de descomposición social a la que hemos llegado, los linchamientos en nuestras barriadas, actos inhumanos que se alimentan de la impunidad, la población no consigue otra forma que tomar la justicia en sus manos. A todo esto se le agrega que nuestros cuerpos de seguridad en su mayoría están en minusvalía frente al poder de fuego del hampa, o penetrados por la delincuencia.

 
¡Sí tolerancia cero! pero desde abajo, desde sus cimientos, para luego poder atacar el mal mayor, que no es otro que el desarme de las megabandas que le han declarado la guerra al Estado, y creo que esta guerra se está perdiendo y de calle, bandas armadas que a diario demuestran que no hay quién los detenga.

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