domingo, 14 de septiembre de 2014

En las demás categorías, aunque el hombre

Volumen 11 (10) - 501 - 1995
En las demás categorías, aunque el hombre
siempre supera a la mujer, la diferencia porcentual
nunca es superior al 5%.
Esta relación puede observarse gráficamente en
el resultado del Análisis Factorial de
Correspondencias realizado, debiéndose además
tener en cuenta, que la dimensión 1 sitúa las
diferentes alternativas en función del sexo, y la
dimensión 2, en función de la importancia
concedida a los diferentes problemas
Puede verse cómo los "Problemas económicos"
se sitúan en la misma vertical que separa los cuadrantes
masculino y femenino y que los "Problemas
médicos y de salud" y el "Rechazo familiar", se sitúan
en el eje que separa los cuadrantes importante y
no importante.

Discusión


La observación de los anteriores datos, nos lleva a
plantearnos una serie de cuestiones, pues en
algunas ocasiones los resultados no se ajustan a lo
que seria lógico pensar. Así, por ejemplo, si
recurrimos a la experiencia diaria es defendible
manifestar, que existe en nuestro contexto un
porcentaje más alto de "Marginación dentro de la
familia" que de "Soledad" objetiva.
Se puede afirmar, que es una situación común
dentro de nuestras familias, el que los "abuelos"
tengan un menor nivel de decisión dentro del núcleo
familiar que otros miembros de la misma más
jóvenes. Se puede aseverar, incluso, que el relegar a
medida que pasa el tiempo, al sujeto de los puestos
de dirección de la familia, es una práctica habitual en
nuestro contexto cuando el paso del tiempo mismo
no implica "poder".
Hemos podido observar, en cambio, que este
hecho, que sin duda es uno de los ejemplos más
evidentes de marginación de la tercera edad en
nuestro contexto, no supone un problema para la
gran mayoría de jubilados, mientras que los datos
empíricos reflejan una importante sensibilización
respecto al tema de la "Soledad", entendida como
problema social, general e indeterminado
(recuérdese que los análisis efectuados etiquetan
este problema como de tipo Social, no asumiéndolos
los sujetos, al elegirlo, como una soledad subjetiva
que suponga una implicación o situación personal).
Es curioso, pues, que los sujetos encuestados
estén preocupados por un problema más o menos
abstracto, y no concedan importancia a una realidad
que en mayor o menor grado, les afecta
personalmente. Este hecho nos hace pensar que en
nuestro contexto, más que un problema de soledad
real en la tercera edad (que dicho sea de paso
consideramos que se da en todos los estadios del
ciclo evolutivo humano, en mayor o menor grado), lo
que parece existir es una sensación de "miedo" ante
una posible situación de desamparo, de indefensión.
Esto confirmaría las teorías que aseguran que a
medida que pasa el tiempo, el individuo tienen una
mayor necesidad creciente de seguridad,
independientemente del nivel de seguridad que
posea.
Llama también la atención el bajo nivel porcentual
unido a la "Salud" (38,5%°), en contraposición al
notable porcentaje de elecciones de los "Problemas
Económicos". La importancia que se atribuye a los
problemas económicos, podría venir explicada por la
trascendencia que nuestra sociedad da a la posesión
de bienes materiales, coincidiendo este hecho
con que se le prohiba -la normativa está cambiando
en estos momentos y se encuentra en discusión en
las Cortes-, al sujeto jubilado precisamente, la capacidad
de trabajar, único modo de ganar dinero que
nuestra sociedad reconoce y aplaude, y por tanto,
único modo de conseguir los mencionados
Volumen 15 (1) -22 - 1999
bienes materiales. Pero, también es cierto que sin
un buen estado de salud, la posibilidad de "disfrutar"
este dinero es nula y que a partir de determinada
edad la referencia del valor-dinero pierde la
objetividad, la referencia del mundo adulto. En el
momento en que aparece la dependencia del tipo que
fuere, sin un apoyo formal, las instituciones, e
informal, la familia y el entorno, la inmensa mayoría
de los sujetos no podrían mantenerse autónomos a
partir de su dinero de pensión.
Es posible que esta preocupación por los
problemas económicos estuviera más justificada si el
sujeto mayor estuviera inmerso en una estructura
economía de corte neoliberal, pero aunque la cuantía
de las pensiones no es en la mayoría de los casos
demasiado importante y no alcanza más allá de
permitir al sujeto un sensación de independencia
personal subjetiva , la supervivencia económica debe
estar asegurada como consecuencia de la filosofía
del Estado del Bienestar que rige la política social de
nuestro país.
Porque la jubilación y el sistema de pensiones no
se debe de medir tan sólo por el dinero cantante y
sonante que recibe el sujeto mayor. En el bienestar
social del sujeto anciano interviene, además de eso,
el apoyo formal, -la sanidad, la red de ocio, el apoyo
domiciliario-, el apoyo informal, la familia, el futuro
voluntariado, etc. Es aquí, a nuestro parecer, sin
entrar en contradicción, donde debería de insistirse,
en el mejoramiento e implementación de nuevos y
mejores servicios específicos y de toda índole para la
tercera edad y no tanto en una subida económica,
que en momentos de dependencia por los que la
mayoría de los sujetos vamos a pasar no nos
soluciona nada
Consideramos por lo tanto que, entre otro motivos,
esta preocupación por los temas económicos, está
relacionada con lo antes expuesto, es decir con el
miedo a la mencionada situación de indefensión, con
un efecto generacional de un sector poblacional
donde la indefensión, entre ellas la económica, ha
sido una constante en su vida.
Independientemente de lo anteriormente expuesto,
resulta difícil entender, aun sin realizar
comparaciones con el tema de los problemas
económicos, el bajo nivel de importancia atribuido a la
“Salud”
Son varias las explicaciones que se nos ocurren.
Podríamos encontrarnos simplemente ante una falta
de sensibilización ante el tema, aunque esta opción
resulta difícil de aceptar si tenemos en cuenta que los
hábitos relacionados con la salud son buenos y que
por ejemplo, los regímenes alimenticios voluntarios,
controlados por especialistas son numerosos.
.
Podría tratarse también, de un problema de falta
de información, aunque como ya expusimos en otro
momento (Sáez, Aleixandre y Melendez, 1995), los
niveles de información relacionados con la salud son
más que aceptables.
La explicación que planteamos para tal problema
es de tipo cultural. La causa de esta actitud vendría
explicada por el hecho de que en nuestro contexto, y
de manera más intensa en el momento histórico en la
que desarrollaron su actividad como adultos los
actuales jubilados, siempre se ha considerado a la
salud como un bien necesario. Su ausencia puede
condicionar desde las relaciones sociales o familiares
hasta las posibilidades de conseguir o mantener un
empleo.
Por ello, para esta generación, pese a la presencia
de referencias populares que valoran la salud, la
ausencia de una política positiva hacia la salud que
acuñara desde niño una preocupación sana por el
tema, el miedo a posibles repercusiones laborales y
sociales, la poca facilidad real para acceder a
estructuras sanitarias públicas hasta hace poco
tiempo, estas variables y otras pueden estar entre los
motivos causales que permitan una explicación del
fenómeno despreocupación por la salud.

Bibliografía


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