domingo, 24 de agosto de 2014

Escasez de alimentos alienta la malnutrición y la obesidad

Escasez de alimentos alienta la malnutrición y la obesidad

Más de 28 toneladas de alimentos retenidos es el resultado del primer balance oficial a las 24 horas de aplicación de restricciones en frontera | Cortesía Gobernación del Táchira
Dudan de la calidad de la comida importada por el gobierno
Los venezolanos comen muchas calorías, pero no se nutren. La falta de productos esenciales distorsionó el patrón alimenticio que ahora debe adaptarse a lo que se consigue
Junto a las colas en los supermercados va creciendo otra fila de venezolanos: la de los malnutridos. La falta de disponibilidad y el encarecimiento de los alimentos básicos llevaron a la gente a engordar, pero no a nutrirse. A principios de año, la organización española Intermón Oxfam publicó el informe Good Enough To Eat (Lo suficientemente bueno para comer) en el que el país ocupó la décima posición de 125 naciones evaluadas con mayor cantidad de obesos en el mundo.

“La dieta del venezolano ahora es monótona y depende de lo que consiga, ha perdido calidad y se ha vuelto sumamente costosa. Si en una semana se consigue harina de maíz, comen arepas tres veces. Si se encuentra pollo, lo dividen para que rinda. Los venezolanos están comiendo pasta con olor a pollo, pero los nutrientes que le llegan no son suficientes”, afirma Maritza Landaeta-Jiménez, miembro fundadora de la Fundación Bengoa.

La experta precisa que las combinaciones de arroz o pasta con mayonesa o margarina se convirtieron en habituales porque son alimentos económicos, los que más rinden y los que más se consiguen. También se acentuó el hábito de ingerir más azúcar y aceites. Legumbres y vegetales siguen en segundo plano.

“En el consumo tradicional del venezolano había granos. Las caraotas combinadas con cítricos tienen las mismas proteínas que el pollo o la carne. El costo de los granos es accesible, pero hay otro problema asociado: la escasez de gas. Como no se consigue, la gente no come granos, porque no tienen con qué ablandarlos”, apunta.

Según los datos del Centro de Documentación y Análisis Social –Cendas– por lo menos 17 de los 58 productos de la canasta alimentaria básica escasearon en julio. Los datos oficiales sobre la escasez no se divulgan desde abril de este año. En ese mes el Banco Central de Venezuela indicó que un total de 20 alimentos básicos registraron una escasez de 30%.

Nixa Martínez, presidenta del Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Venezuela afirma que en el país se redujo la opción de pensar si lo que se come es saludable o no. Acota que las carencias nutricionales han acentuado las infecciones en poblaciones vulnerables como niños y ancianos. “Ahora vemos afecciones respiratorias que aparecen y reaparecen por tres días cada semana”, indica.

Landaeta-Jiménez relaciona el incremento de los índices de cáncer y de las enfermedades cardiovasculares con la malnutrición. “En Venezuela hay un círculo vicioso que permite que haya desnutrición. Todos los factores los consigues aquí y a ellos hay que agregar la calidad deficiente del agua”. 

Productos dudosos
La escasez de harina de maíz no solo se traduce en la falta de arepas, principal plato de los venezolanos. Los estudios del Instituto Nacional de Nutrición, tras la introducción del producto en 1962, indican que el alimento aporta 15% de las calorías y 11% de las proteínas de la dieta. Por normativa nacional la harina está enriquecida con vitamina A, tiamina, riboflavina, niacina y hierro, lo que equivale a 25% de los nutrientes necesarios para los humanos.  
Landaeta-Jiménez duda de la calidad de los alimentos importados por el gobierno nacional. Asegura que no se cumplen los procesos de certificación por falta de infraestructura. Aceites importados de Uruguay, margarinas y galletas provenientes de otros países de Suramérica tienen alto contenido de grasas trans y sodio, que ya no se consumían en Venezuela debido a un proceso que obligó a los productores nacionales a modernizar la maquinaria para evitar daños a la población. 
“Los cereales deben ser almacenados en condiciones adecuadas. Llegan los barcos a Puerto Cabello y se queda el cereal almacenado por mucho tiempo. El nivel de flatoxinas que emanan es altísimo, a niveles tóxicos. Eso actúa en el hígado igual que una hepatitis C que produce cirrosis. Nadie las detecta porque no hay control de calidad”, afirma. 
Livia Machado, pediatra nutrólogo, coincide con la especialista. Las personas optan por alimentos baratos, pero que incumplen el estándar internacional de seguridad alimentaria. 
“Hay un consumo de alimentos más económicos como harinas procesadas, que no están siendo suplementadas adecuadamente con vitaminas y minerales como establece la OMS, con el fin de prevenir las deficiencias secundarias como la anemia”, apunta. 

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