domingo, 24 de agosto de 2014

Conflicto de bandas por control de drogas encierra a los vecinos

Conflicto de bandas por control de drogas encierra a los vecinos

Carros y fachadas de edificios son blancos constantes de la acción de las bandas que operan en El Valle | Foto: Alexandra Blanco/El Nacional
Carros y fachadas de edificios son blancos constantes de la acción de las bandas que operan en El Valle | Foto: Alexandra Blanco/El Nacional
Las huellas de la violencia se ven a simple vista en fachadas de edificios y rejas. La policía no ha logrado contener a las bandas aun cuando están identificadas
Los grafitis marcan el territorio en la parte baja del sector Cerro Grande del barrio 19 de Abril de la parroquia El Valle. Incluso los funcionarios de Policaracas y de la Policía Nacional respetan las áreas delimitadas por la banda Carro Loco, que mantiene cercados a los vecinos de la zona.
Los miembros del grupo delictivo, integrado por casi 50 jóvenes operan por turnos. Tienen granadas, armas largas y cortas. Se comunican por radios portátiles. Además cuentan con “gariteros”, que son jóvenes entre 14 y 16 años de edad que vigilan la zona para impedir que la banda de "el Lucifer", que controla las calles 3 y 7 de Los Jardines de El Valle, invada sus espacios.
“Aquí los enfrentamientos no tienen hora. Si escuchamos los disparos tenemos que tirarnos al piso. Hay apartamentos que tienen las habitaciones frente al barrio, por lo que a veces es imposible dormir”, relató una vecina del edificio Cerro Grande.
La estructura que tiene Carro Loco en El Valle demuestra el nivel de operatividad que pueden alcanzar las pandillas urbanas. El sociólogo y director del Observatorio Venezolano de la Violencia, Roberto Briceño León, explica la evolución de la criminalidad en los sectores populares: “Anteriormente había tráfico de marihuana. Hoy se venden drogas más fuertes. Las bandas juveniles en la década de los sesenta peleaban con cuchillos y navajas eléctricas, actualmente lo hacen con armas largas. La letalidad ha cambiado. Antes había heridos, ahora hay muertos. Los delincuentes ya no son solo traficantes, empiezan por ser consumidores”.
En la parte de atrás y en varios pisos del edificio Cerro Grande, construido por Marcos Pérez Jiménez en los años cincuenta, se aprecian las perforaciones de las balas que también son visibles en el módulo de Policaracas, ubicado en la parte baja de la residencia.
Un funcionario de ese cuerpo de seguridad, que tiene tres años destacado en esa delegación, explicó que en la parte media del barrio opera la banda de El 70, que al igual que Carro Loco, ubicados en la parte de abajo, se pelean el mercado de la droga con miembros de la banda de "el Lucifer": “Los de El 70 no se enfrentan con Carro Loco porque acordaron respetar sus espacios. La mayoría de los delincuentes son jóvenes. Empiezan como gariteros, que visten shorts y franelillas para desplazarse más rápido y usan bolsos cruzados para distribuir la droga”.
Un cerro que llora balas
La etiqueta #SOSGuarataro es un clamor de los habitantes y vecinos del sector a través de la red social Twitter. Surgió el último fin de semana de julio luego de un tiroteo de varias horas en la zona.
La mayoría de los usuarios advertían que las balas los mantuvieron encerrados en sus casas “atemorizadas por el fuego abierto y perenne”, como lo expresó Bélgica Pedroza. Otros, como Miguel Arturo, cuestionaron que eso ocurriera a solo ocho cuadras del Palacio de Miraflores, y no faltó quien comparara el enfrentamiento con la situación de Medio Oriente.
En la entrada hacia El Calvario por el Paseo Independencia los vecinos hablan con naturalidad de la muerte. “Aquí mataron a una persona en la esquina, pero eso ocurre de vez en cuando, no como en La Loma o en El Tanque donde se disputan territorialidad a tiros durante días”, comenta Marisol Suárez, protegida detrás de las rejas de su negocio.
El enrejado de algunos edificios en la calle Peniche deja a la vista marcas de balas. Hay una bodega y el encargado también atiende detrás de los barrotes. Desde un balcón de un edificio de El Silencio una joven asegura que los funcionarios de la PNB, apostados en la avenida San Martín, cumplen su labor de vigilancia. Sin embargo, otros habitantes de la zona aseguran que los policías, pertenecientes al cuadrante 3 del Patrullaje Inteligente de San Juan, jamás suben a los cerros de El Guarataro, a menos que sea para intervenir en una pelea entre lugareños.
En El Guarataro los funcionarios también tienen identificadas a las bandas, pero admiten que no tienen capacidad para neutralizarlas. Briceño León se lo atribuye a la falta de contención de los cuerpos de seguridad. “En los últimos 10 años ninguna autoridad del gobierno ha podido evitar la expansión de bandas que cada vez operan con mayor impunidad”.

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