miércoles, 25 de junio de 2014

Un cáncer silencioso



Un cáncer silencioso
El médico Carlos F. Fernández confiesa lo devastador que puede ser el cáncer de seno, pero señala que la detección temprana de la enfermedad multiplica las posibilidades de supervivencia
Cáncer
El cáncer de seno se ufana de ser el más popular entre las mujeres, pero al mismo tiempo pide perdón a quienes tienen que padecerlo. Así de contradictoria es esta enfermedad.
En entrevista, con una seriedad que asusta y con la certeza del que se sabe bien posicionado y respetado, el cáncer de mama dice temerle solo a que lo descubran temprano. “Si me dejan instalar, soy un inquilino capaz de mortificarle la vida a cualquiera”, dice mientras responde esta entrevista, que compara con un harakiri: “entre más sepan de mí, menos clientes voy a tener. Eso es seguro”.
USTED ES MIEMBRO DEL CARTEL DE LOS CÁNCERES. HÁBLENOS DE SU FAMILIA.
Bueno, prefiero que nos llame clan. Conformamos una familia grande que nace de las mutaciones y cambios anómalos en los genes de las células que hace que se olviden de morir y se multipliquen sin control. Desde ahí nos llamamos cáncer y nuestro único fin es crecer, crecer y crecer a costillas de la energía y los nutrientes de lo que invadimos. Si no nos paran, acabamos con todo. ¿Le queda claro?
ESA ES SU FAMILIA. ¿Y USTED?
Yo soy el cáncer de mama o de seno. Ahí me luzco enloqueciendo las células de los lobulillos, que son las glándulas que producen leche (cáncer lobular) o de los conductos que la transportan (cáncer ductal). A veces me meto con la grasa y las células fibrosas, pero eso es raro.
¿LAS ENLOQUECE?
Literalmente. Las hago perder el control para que se multipliquen por montones. Eso cuesta mucha energía, que robamos de los tejidos sanos que encontramos por el camino, empezando por el mismo seno. Si nos dan ‘papaya’, nos deslizamos por el sistema linfático, que son unos ríos por los que viajamos a instalarnos en otras partes del cuerpo. Metástasis llaman ustedes a ese proceso. Permítame llamarlo trashumancia.
Y EN ESE JUEGO SINIESTRO DE ENLOQUECER CÉLULAS, ¿A CUÁNTAS PERSONAS AFECTA?
Principalmente a mujeres. Cada año en el país sumo a mi lista 6.500 y por mi culpa 1.600 fallecen. Soy el cáncer más común en ellas y el tercero más letal después de mis hermanos de útero y de estómago. Ah, preocúpese, en ocasiones encuentro señores mal parqueados que cargo a mi bolsa. Como ve, no soy un pintado en la pared.
¿POR QUÉ SE HA VUELTO FAMOSO, SI SU FAMILIA ES MUY VIEJA?
La verdad, en el mundo cada vez hay más cosas que me favorecen. La contaminación, la mala alimentación, el cigarrillo y algunos medicamentos; además, las mujeres viven más, hay más gente y, claro, hoy me buscan más. Eso hace que haya más diagnósticos y que yo figure más. Los entendidos lo relacionan con la genética y la herencia. Díganos algo de eso. Mire, los cambios en algunos genes (mutaciones) ayudan a desarrollarme en diez de cada 100 casos. Por ejemplo, cambios en los genes BRCA1 y BRCA2 hacen que las señoras que los tienen aumenten en 80 por ciento el riesgo de padecerme. También, soy más popular entre hijas y hermanas de personas que me han sufrido.
¿VERDAD QUE LA MATERNIDAD Y LA LACTANCIA LO SACAN CORRIENDO?
Bueno, ayudan a que me aleje un poco. Se dice que entre más hijos haya y más tiempo den de mamar el riesgo de que las visite baja a la mitad. No es que se libren de mí del todo. Nanay. No sea tan maligno y regálenos unas pistas para sospechar que está de visita. Le doy seis señales que si aparecen en los senos hay que consultar con urgencia: inflamación, irritación o hendiduras, dolor o inversión del pezón, enrojecimiento o descamación, secreción y masas. ¿Listo?
CON RESPETO, USTED NO ES INVENCIBLE. ¿CÓMO SE PUEDE DERROTAR?
Le soy claro. Si me detectan temprano, estoy frito. También si el tratamiento es el adecuado y en las mejores manos. El mundo médico ha desarrollado medicamentos que me atacan sin piedad y con una efectividad que me aterra. Por supuesto, está la cirugía que me expulsa del cuerpo y las radiaciones que usted conoce. Le confieso, eso me tiene a raya, aunque todavía les gano la pelea si se descuidan.
LE TEME A QUE LO ENCUENTREN TEMPRANO. ¿CÓMO SE LOGRA ESO?
Muy fácil. Toda mujer desde los 20 años debe hacerse cada mes un autoexamen para familiarizarse con sus senos. Entre los 20 y los 39 años un médico se los debe examinar mínimo cada dos años. Después de los 40 años hay que practicarse una mamografía cada año y consultar si encuentra una de las señales que le dije antes. Eso es salvador.
¿ALGO MÁS?
Sí: aprovecho la oportunidad para animar a todas las mujeres que se han encontrado conmigo y decirles que confíen en sus tratamientos, que jamás pierdan la esperanza y que de paso me perdonen por mortificarles la vida.

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