sábado, 30 de noviembre de 2013

Se acaba el tiempo

Se acaba el tiempo
 Nadie duda de la importancia que reviste el 8 de diciembre, al igual que todos los últimos comicios, para la vida nacional. Es la primera medición de Maduro como líder de esta cosa que llaman revolución y la segunda del chavismo sin su líder fallecido. Además el hijo del comandante, el heredero del trono, ya carga una múcura bastante poderosa como para esperar muy buenos resultados para el oficialismo.


Todavía está la estela, bastante disminuida, del comandante fallecido. El oficialismo se empeña en mantenerla viva, pero ya no tiene la fuerza de antes. El liderazgo de Maduro, por impuesto, no termina de calar ni siquiera en el mundo del chavismo. Hay fuerza, es verdad, pero no igual. Ni de cerca. A Maduro le ha tocado además arrastrar con las pesadas maletas que le dejaron, comenzando por una economía maltrecha, un bolívar absolutamente inútil y unas medidas que buscan generar aceptación en sectores que nunca los han respaldado como la clase media o, también, tratar de contentar a la masa pobre, que es la verdaderamente chavista. No obstante los números que en general ofrecen una contienda bastante pareja, no coinciden con lo que se escucha en la calle.


La gente está obstinada de hacer colas por todo. Lo que no hay por falta de producción, por falta de divisas, por exceso de comunismo cubano. Pero ahora además debe hacer cola por lo que sí hay. O había. El tsunami de gente que le tiró Maduro a las tiendas tendrá sus consecuencias en el corto plazo, independientemente de que se piense que la gente aprueba este tipo de barbarismo electorero. La gente, por lo que se ve, simplemente se aprovecha del desorden, pero en el trance también saca su peor cara que apunta a que en Venezuela no hay ni base cívica ni base ideológica para sustentar a un país serio, trabajador y que ande en el camino del desarrollo seriamente. Ningún país saldrá adelante con un liderazgo tan mediocre y menos con una población que, ayudada por una base legal acorde con países de muy poca producción, cada vez trabaja menos. La nueva Ley del Trabajo, ofrece el tiempo suficiente para que la gente use los días libres en la búsqueda de papel tualet y harina, pero también para comprar las neveras y revenderlas como es debido en socialismo.


Pero si la gente no quiere revertir esto es justamente porque aprueba este nuevo estilo de vida que con toda seguridad bajo la égida cubana, seguirá empeorando. Cada vez menos trabajo, cada vez menos trabajos de calidad, cada vez más cubanización y pobreza. Eso se sabe. La mayoría lo sabe, pero por alguna extraña razón el chavismo sigue ganando elecciones como si nada pasara. El punto clave es saber si este 8 de diciembre se repite la historia y sale aprobada una de las peores gestiones públicas en toda la historia contemporánea.


Es verdad que se elegirá a poderes locales, alcaldes, concejales. Es verdad que históricamente estas elecciones tienen muy baja participación. Pero también es verdad que el país tiene casi todo el cuerpo metido en la Cuba comunista, o al revés. Se acaba el tiempo.
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