martes, 17 de abril de 2012

Adultos mayores tienen que madrugar para solicitar sus pensiones por vejez


Puerto La Cruz.- Personas de la tercera edad, algunas apoyadas en sus bastones, comienzan a llegar a las 6:00 de la mañana a la oficina administrativa del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss) que está en predios del hospital César Rodríguez en la urbanización Guaraguao de Puerto La Cruz.

Un techado con ocho hileras de bancos, con matas de mango a su alrededor, sirve de sala de espera a los adultos mayores que van a pedir información, hacer reclamos o a consignar sus recaudos para cobrar la pensión por vejez de 1.548 bolívares al mes, equivalente a un salario mínimo.

Lo primero que hacen los viejitos es anotarse, por orden de llegada, en una hoja que sirve de guía a un funcionario apellidado Pathon, quien a las 8:00 am reparte 30 números, de lunes a jueves.

El N° 3 le tocó el pasado 28 de marzo a Tirso Jiménez, un vigilante que hace cinco años quedó con discapacidad para caminar, debido a que accidentalmente se le disparó una escopeta resultó herido en el pie derecho, mientras prestaba servicio en una empresa de la zona industrial Los Montones de Barcelona.

El hombre, natural de Aragüita de la parroquia Naricual, relató que luego de permanecer tres meses recluido en el hospital Luis Razetti de la capital anzoatiguense, decidió tramitar la pensión de incapacidad ante el Ivss.

Jiménez perdió la cuenta de las veces que madrugó en Aragüita para viajar y llegar temprano a la oficina del Seguro, a fin de preguntar cuáles eran los trámites que debía hacer. Su interés por solicitar la pensión iba decayendo a medida que los funcionarios le decían: ven mañana, pasado o el miércoles.

El exvigilante ha sobrevivido gracias a que eventualmente mata tigritos como cabillero, o a la solidaridad de unos vecinos, y a la ayuda económica bimensual o trimestral que le dan sus hijos veinteañeros César Augusto, Luis Gilberto y Sesibel Jiménez, quienes residen en Valencia y San Félix.

Jiménez se animó a regresar a la oficina porque el venidero 5 de junio cumplirá 60 años, la edad de los hombres (55 años para las mujeres) que se establece para tramitar la pensión por vejez, según las disposiciones del Ministerio para el Poder Popular para el Trabajo y Seguridad Social.

Esta vez se movilizó en un autobús que cobra una tarifa de Bs 2,5 en el sector barcelonés Colinas de Angostura. Allí vive “recostado”, desde el año pasado, en la casa de su sobrina Obdulia Jiménez.

A las 8:30 am, pudo entrar al recinto, donde una empleada le indicó que debe llevar tres copias ampliadas de su cédula de identidad, la declaración del accidente; así como la planilla que refleje sus cotizaciones ante el Seguro Social.

Un bailoteo

El número 4 del “bingo de las personas de la tercera edad” le correspondió a Ángel Beaujon Rodríguez, un mecánico que había salido a las 4:00 am de su residencia de Puerto Píritu.

Beaujon, quien laboró durante 24 años en la industria petrolera, comenzó su peregrinaje por la oficina administrativa del Ivss en 2007, año en que aparecía como inactivo en los registros, pese a que seguía trabajando. Este error fue enmendado después.

El mecánico es sexagenario desde el 12 de octubre de 2012, y ese mismo mes introdujo sus documentos para pedir su pensión por vejez. Según los cálculos del personal, debía cobrarla en diciembre pasado, pero no fue así.

Pagó Bs 120 en pasajes y carreritas de ida y vuelta, para poder hacer su reclamo ante la oficina principal del Ivss, en el piso 7 de la torre Norte que está frente a la Plaza Venezuela en Caracas. Allí se sorprendió cuando un empleado le comunicó que no habían recibido los documentos que él consignó en Puerto La Cruz.

“Me tienen en un bailoteo”, expresó molesto.

El Tiempo trató de conocer la versión de la directora de la oficina del Ivss, Karelis Salazar, pero no fue posible contactarla.

Mientras, Ángel Beaujon y Tirso Jiménez, al igual que otros adultos mayores, seguirán madrugando para llegar temprano al Ivss, con la esperanza de ser beneficiados con la pensión, que es una ayuda en tiempos de crisis. La peor diligencia es la que no se hace.

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